6 de junio de 2010

2 de junio de 2010

Aeropuertos



Génesis y fines de sueños,
Tráfico de personas, vidas y anhelos,
Entre abrazos de despedida y bienvenida,
Entre besos, lágrimas y valijas,
Me voy,
Parto,
¿Vuelvo?

25 de mayo de 2010

Exsecūtus

La clave es el primer paso. Lograr que esa enorme rueda de engranaje empiece a funcionar. Después, de alguna misteriosa manera, todo termina ocurriendo solo.

Pero de cada uno depende ese primer paso, ese primer actuar, ese instante de pasar de un deseo a una acción.

Si lo logramos, después cada paso va tomando más firmeza, cada huella más definición, todo el andar más velocidad. El caminar se convierte en un correr. Todo pasa más rápido de lo que te puedas dar cuenta. Y de repente te encontrás volando, el viento en la cara, el mundo a tus pies.

7 de abril de 2010

Varanasi


Benares is older than history, older than tradition, older even than legend, and looks twice as older than all of them put together.
Mark Twain


Es una maga y una sacerdotisa. Su piel marrón oscura, cubierta de arrugas y de polvo, emana un calor que nace en el centro de la tierra. Sus ojos negros reflejan y alumbran el mundo con una misteriosa fuerza nostálgica. Su pelo oscurísimo casi no se ve, oculto bajo un sari que cambia de color cada segundo.
Ella es Varanasi, mas vieja que la magia, mas religiosa que la historia. Vive en el centro de India, y todo lo que es India vive en ella.
La primera vez que la conocí solo una pocas velas alumbraban el lugar. Entre las penumbras estaba ella, haciendo un baile indescifrable. Sus brazos se sacudían espásticamente para todas las direcciones, sus piernas no tocaban el suelo mas de un segundo y volvían a levantarse en un movimiento arrítmico que parecía hasta violento. Su sari eternamente multicolor flotaba a su alrededor creando un submundo de sombras. Sus ojos en blanco miraban sin ver y de su boca salían miles de sonidos a la vez: gritos, llantos, bocinas y hasta sonidos de animales que contrastaban con el silencio que prometía la luna llena.
Me quede inmóvil, fascinada frente a este gigante en trance. Esa noche me acosté a sus pies, sus aullidos y sus susurros flotaban a mi alrededor. No pude dormir.
Cuando amanecí ella todavía dormía. Y la ví acostada, sobre el río, inmóvil y desnuda, pero con los ojos abiertos. La ví despertarse lentamente y bañarse en el Ganges - su padre y su hijo, de donde todo proviene y donde todo debe terminar. La ví vestirse con mil movimientos rápidos.
Luego su mirada cambio, se convirtió en sacerdotisa y la ví realizar el mas sagrado de los rituales: construyó una pira fúnebre, un tronco a la vez, coloco un cuerpo encima y la prendió fuego. Ese rito lo repite todos los días, 300 veces al día, para todos lo visitantes que se acercan para morir cerca suyo. Cuando la pira termina de quemar, toma las cenizas y las arroja en su río.
Los gritos de la primer noche fueron reemplazados por un cántico tranquilo y armonioso que fue in crescendo durante el día, hasta que, al atardecer, se convirtió en una Oda al río. Ella, sentada mirando a su Ganges, su Sari esta vez portando los colores del atardecer, acompañada de sahumerios, fuego, campanas y tambores le hizo su ofrenda al rio en una ceremonia solo para ella pero que todo el mundo estaba invitado a ver.
Ella es Varanasi, la sabia, la bruja, que me tomo de las manos, me quemo con su fuego, me mostró su canción y puso música para que yo pueda bailar.




29 de marzo de 2010

Kolkatta (la iniciación)

- Are you from here?
Tras muchas horas, kilómetros y aeropuertos recorridos llego a destino para que me confundan por local.
- No. I'm visiting.
- Kolkatta!???? What's interesting about Kolkatta?


Lunes 29 de marzo. Comienza mi viaje. Salgo del hostal - mapa en una mano, botella de agua en la otra - a descubrir esta ciudad de la alegría.

Mucho he leído y oído acerca de India, entonces estaba preparada para los olores y el caos. Aunque se reconocer que esto no es ni Delhi ni Mumbai, Calcuta estuvo a la altura de la circunstancias en el desorden de trafico. No hay señales, carteles ni indicaciones. Las pocas que si aparecen, son en hindi. Pareciera que el nombre de las calles es un legado sagrado que se transmite de boca a oreja entre solo aquellos iluminados dignos de La Verdad. Cuando me encontré refugiada en una zapatillería (con aire acondicionado) tratando de descifrar porque mapa y realidad no coincidían decidí permitirme perderme: dejarme llevar por el azar, crear mi laberinto, trazar mi propia ciudad. Y así la vi:

El marrón es la paleta predominante, acompañado por un verde vivo de las palmeras y los abundantes árboles.

Muy fácilmente se identifican los reyes de la ciudad: los taxis y moto-taxis. Dueños y creadores, su amarillo fuerte pinta la ciudad, su andar le dan el ritmo, sus bocinazos, la música.

La triada amarillo-marrón-verde se completa con toda una gama de colores vivos que aparecen esparcidos en cada uno de los saris de las mujeres.

Y así, como si fuese un cuadro impresionista, fui pintando la ciudad.

Por acá la mancha blanca de un altar incrustado en la vereda. A su lado, un hombre vestido de blanco, con barba blanca, pelo blanco, y tez que fue oscura, pero tantos intentos de pintarla la convirtieron un oro ocre.

Por todos lados, manchas negras de los cuervos que recorren la ciudad tan cómodamente como las palomas en Buenos Aires. (y pasear por una ciudad desconocida con los graznidos de los cuervos como banda sonora tiene un poderoso efecto que todo fanático de Hitchcock debería experimentar)

Cada paso agrego un color.

Un gris oscuro para un urinario, una mancha celeste para un grupo de colegialas, para las cinco cuadras del mercado agarro 10 pinceles en la mano y garabateo en un rincón. Gris claro para las cabras, marrón para las vacas, y una mezcla de ambos para los perros. Varias líneas naranjas oscuras para los rickshaws, una pared roja, una bici azul. Pieles de todo tipo de tierras; arena, arcilla, barro.

Y en un rincón, una figura humana, con dos colores que predominan: el verde de mi remera, y salmón de mi pollera.