22 de diciembre de 2007
18 de diciembre de 2007
El eterno instante

el fuego se entrelaza con el agua. la luz juega con la oscuridad. la energía histeriquéa con la paz.
y todo se mezcla para siempre en ese segundo que alguien saca la foto.
y el tiempo no se detiene. no. porque en ese segundo el tiempo nunca existió. y si no hay antes ni depués esa lucha de contrastes ahora es todo.
y el pasado, el presente y el futuro se confluyen (o confluyeron o confluirán) en este todo que es lo único.
y si el atardecer es eterno... ¿significa que no hay amanecer?
y si se extiende eternamente... ¿la belleza, la magia, el asombro.. se extienden eternamente tambien?
14 de diciembre de 2007
DESMITIFICAR GUATEMALA (pensamientos desordenados)

Guatemala, de a ratos, parece ajena a ese aluvión norteamericano-occidentalista que caló hondo en la mayoría de los "países de la periferia". Tradiciones inertes, perennes, eternas, inacabables, algunas veces indescifrables (por lo menos para una ajena como quien escribe). Sin embargo, asoma lentamente ese aluvión que normalmente se asocia con lo correcto, con el perfecto modo de vida, como una panacea que provoca la emergencia de la "civilización". Así me lo dio a entender una amable mujer cuando viajábamos en un colectivo de la capital guatemalteca. “Tengan cuidado, ustedes son lindas, son blancas” me dijo, como si el color de piel fuera síntoma alguno de superioridad, como si ser indígena fuera sinónimo de ser atrasado. Me cuesta entender que hasta ellos mismos se hayan tragado ese cuento siniestro.
“Guatemala es violento” suelen vociferar ajenos, desmemoriados de la opresión y vejación (también potenciales formas de violencia) que ejerció el poder mundial sobre este remoto país, dejando secuelas casi inamovibles que aquejan día tras día a la mayor parte de la población que habita en este rincón del planeta.
“Guatemala es violento” retumba el epíteto. Miro alrededor y sólo encuentro a personas agradables y parcialmente apáticas, desentendidas de la lucha por el sufrimiento que vivieron en carne propia sus antepasados. Como esa pobre mujer. Y como esa noche en Antigua, cuando cuasi famélicas y sin dinero en efectivo, un empleado de una cadena de comidas rápidas norteamericana no dudó en regalarnos un menú especial a cada una de nosotras. Daban ganas de romper a llorar, ante la muestra cabal de que aún existe la filantropía, la solidaridad humana, en un mundo que se maneja en base a potenciales beneficios económicos y que se olvida de las nefastas consecuencias sociales que estos puedan acarrear.
¿Por qué entonces se empeñan en resaltar que “Guatemala es violento”? Es cierto que existe una porción de los oprimidos guatemaltecos que utilizan a la violencia como canalización o como vía diaria a la subsistencia. Y que ese grupo exiguo conlleva al pánico, al aislamiento, a la fragmentación del pueblo indígena. Un pueblo que, desde la llegada de los europeos, no ha tenido ni voz ni voto en el devenir de su historia. Que ha forjado figuras que enriquecieron la historia del hombre, como Rigoberta Menchú Tum, aquella mujer que no vaciló en defender sus raíces y las de la gran comunidad maya que habitó y habita este territorio. Un pueblo que, a su vez, ha dado espacio político (y un caudal importante de votos) al militar Otto Pérez Molina, quien accedió al balottage de la última elección presidencial con el lema “urge mano dura” como nave insignia. Un pueblo que cobija a seres que reproducen respuestas inentendibles. “¿Qué pasó con los maras?”, le preguntamos a un transeúnte en la ciudad de Guatemala, con una enorme dosis de temor (derivada de esa frase que nos retumbaba y que habla de “lo violento que es Guatemala”). “Y, por suerte no quedan muchos, mataron a la gran mayoría, limpieza social”, nos respondió, dejándonos obviamente atónitas.
Nosotros fuimos posibles víctimas de ese aire belicoso que se expande pero se exagera. Asumimos, con temor, el riesgo latente. Y quedamos encantadas con el país y con gran parte de su gente. Y no vemos la hora de volver.
¿Cómo desmantelar aquel mote que se le ha adjudicado a Guatemala? Difícil remover de un plumazo tanto resentimiento acumulado y entendible. Si reinase el bienestar y se desterrase la miseria, seguramente emergería la calma que necesitan los guatemaltecos. Si la pobreza se evanesciera. Si al menos todos pudieran vivir en condiciones similares. ¿Será algún día posible?
10 de diciembre de 2007
6 de diciembre de 2007
¿Quién dijo que el norte queda al norte y el sur queda al sur?

He dicho Escuela del Sur; porque en realidad, nuestro norte es el Sur. No debe haber norte, para nosotros, sino por oposición a nuestro Sur. Por eso ahora ponemos el mapa al revés, y entonces ya tenemos justa idea de nuestra posición, y no como quieren en el resto del mundo. La punta de América, desde ahora, prolongándose, señala insistentemente el Sur, nuestro norte.
Joaquín Torres García. Universalismo Constructivo, Bs. As. : Poseidón, 1941.
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